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sábado, 18 de noviembre de 2017

LOS SEFARDIES JUBILADOS TAMBIÉN QUIEREN SER ESPAÑOLES

La Casa Sefarad en Córdoba

La Casa Sefarad en Córdoba

Los «jubilados» sefardíes también quieren ser españoles.

Las peticiones entre los mayores de 70 años se duplican tras eliminar la necesidad de pasar un examen de idioma.

A sus más de 60 años, Isaac Benshimol, judío, nacido en Tánger y residente en Tel Aviv, decidió pedir la nacionalidad española. Era 2015 y una cuestión emocional. Ese año murió su madre y descubrió que incluso la Ketubah de sus padres, el contrato matrimonial tradicional judío, se había hecho conforme a los pactos de sus antepasados castellanoleoneses. Casualmente, ese mismo 2015 también se aprobó la ley de concesión de la nacionalidad española a los sefardíes. E Isaac contaba con una ventaja: domina el idioma.
Ahora Isaac es una de las 1.432 personas que han logrado la nacionalidad con la nueva ley. Desde que se aprobó el texto, que simplificaba los trámites para este colectivo, el Ministerio de Justicia ha recibido más de 4.300 peticiones de casi 70 países. «Nos emociona ver cómo sefardíes de todo el mundo acuden al reencuentro con España», destacó hace unos días Felipe VI, en el brindis previo a la cena de gala que ofreció al presidente israelí, Reuvén Rivlin, en su visita al país.
Desde mayo de 2017 hay además un nuevo fenómeno, el de mayores de 70 años que se animan a pedir la nacionalidad. Han pasado de unas 15 solicitudes mensuales a más del doble, unas 36 al mes desde el inicio del verano. Ese mes de mayo fue el que se introdujo un cambio en la norma: se eximió de los exámenes de español y cultura española a los peticionarios mayores de esa edad. Era una de las demandas de las entidades sefardíes, que veían cómo la expectativa de tener que enfrentarse a un examen frenaba a los más veteranos. «No son muy difíciles, pero para la gente mayor supone sentarse a estudiar e impone un poco», opina José Benarroch, presidente de Unión Sefardí Mundial. El cambio de tendencia ha sido instantáneo, aunque muchos sefardíes aún no tienen constancia del cambio.
«Tengo una tía hermana en Perpiñán, Francia, que quería pedir la nacionalidad. Habla español mejor que yo, pero tiene 75 años y no se veía haciendo los exámenes», cuenta Isaac, que es en el transcurso de la conversación cuando averigua que el examen ya no sería necesario para su tía. «Se lo voy a contar», asegura, aunque reconoce que para él la prueba no tuvo mucha dificultad. Estuvo trabajando durante años en Venezuela y ha viajado tantes veces a España que «ha dejado de contar los viajes».

Una prórroga

No obstante, sigue llevando su tiempo. Y el reloj corre en contra, teniendo en cuenta que la ley se extinguirá el 30 de septiembre de 2018. «Yo empecé los trámites en junio de 2015, cuando conocí la nueva ley», explica otro sefardí afincado en Turquía que prefiere no decir su nombre. «Aunque sé hablar ladino, necesitaba pasar el DELE». Tras ir a las clases del Instituto Cervantes, logró presentarse al examen y aprobarlo. Le facilitaba la labor conocer el ladino. «Es el enlace principal de nuestra comunidad con España. Un español puede entender fácilmente a un hablante ladino, aunque usamos algunas palabras de manera diferente. Por ejemplo, "meldar" para "leer", "merkar" para "comprar"...»
Y aunque el joven de 27 años lo aprendió de sus padres, ellos no han pedido la nacionalidad. El motivo: el examen. «Están en la cincuentena y es muy difícil para ellos entender la gramática española actual, aprender nuevas reglas y un gran vocabulario», explica. «El gobierno español eximió a las personas con más de 70 años de edad, pero no es suficiente», se queja.
Para Benarroch, la supresión del examen a los mayores de 70 es «un paso en la buena dirección» aunque, en su opinión, la prueba más difícil es demostrar que los solicitante son descendientes de los expulsados. Tampoco ayuda la necesidad de viajar a España para el acta notarial. «La mayoría de mis amigos y sus familias han solicitado la nacionalidad en Portugal porque no requiere de un examen de idioma y cultura, ni de que vayas al país solo para firmar una página», explica el sefardí residente en Turquía.
Ahora, el presidente de la Unión Sefardí Mundial no ve impedimento a que la ley se prorrogue un año más. Es una posibilidad que está incluida en la propia ley y, además, explica, no se ha cumplido la «avalancha» de peticiones que se temió durante la redacción del texto. Antes de 2015, se barajaban las cifras de Sergio della Pergola, profesor de Demografía Judía de la Universidad Hebrea de Jerusalén, en las que cifraba en tres millones de personas lo descendientes sefardíes judíos y entre 30 y 40 millones los no judíos. También desde su propia experiencia, Isaac Benshimol cree que vale la pena prorrogar la ley. «Cuando empezó había un poco de confusión, pero hoy ya está todo claro».

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